Por mucho que corras, nunca escaparás – Cuentos de terror

Por mucho que corras, nunca escaparás – Cuentos de terror

Todos tenemos nuestros propios demonios internos, pero nunca escaparás de ellos si no comprendes tu verdadera naturaleza y el modo en que te relacionas con tu entorno. Esto es lo que le pasó a Patricia, una joven con mucha vida por delante que acabó sucumbiendo a estos monstruos que la atormentaron hasta el final.

Por mucho que corras, nunca escaparás - Cuentos de terror

Un futuro muy prometedor para la joven Patricia

Desde el primer momento, estaba claro que Patricia iba a tener un futuro espectacular, y es que no sólo era una joven que conseguía sacar muy buenas notas, sino que era muy atenta, aplicada y sobre todo muy despierta.

Su capacidad para ver todo desde distintas perspectivas y esa visión tan desarrollada sobre los distintos temas en los que se interesaba, eran la clave que hacían pensárnoslo a sus padres, sino también a sus profesores, que se convertiría en alguien el día de mañana.

Cuando entro en la Universidad, gracias a la buena nota que tenía en Selectividad, pudo elegir carrera sin problema, de manera que en un primer momento optó por Medicina, pero vio que no era lo que realmente le llenaba, así que cambió a Enfermería.

El caso es que estaba ya en su segundo curso, con unas notas fantásticas, cuando su vida empezó a cambiar de un modo extraño, de una forma que no llegaba a entender.

El despertar de los demonios internos

Había pasado de ver la vida como algo bonito, con futuro y con mucha ilusión y alegría, a ser un entorno negro, un lugar oscuro en el que resultaba difícil moverse.

No sabía exactamente qué era lo que pasaba en su interior, hasta que un día se dio cuenta de que no era ella la que había cambiado, sino el entorno en el que se desarrollaba.

Se dio cuenta de ello cuando empezó a escuchar aquellas voces que la perseguían, y que en ocasiones la llegaban a acosar, pero no era una enfermedad, ya que llegó incluso a ver a esos pequeños personajes correteando por los rincones de su casa.

Generalmente sólo aparecían por la noche y en los momentos en los que ella estaba casi durmiendo o se encontraba concentrada estudiando, leyendo o viendo una película, pero sabía que el resto del tiempo permanecían allí, y aunque en cierto modo no les tenía miedo, sentía una mala sensación porque evidentemente no comprendía qué eran ni qué pretendían.

Pero poco a poco y día tras día, sentía la influencia de esos pequeños demonios que cada vez veía con más frecuencia, aunque el problema era que nadie la iba a escuchar, ya que se trataba de una historia extraña y muy difícil de entender.

Sin embargo, estaba ahí, y ella lo sentía, y pensaba que cada vez la dominaban más, hacían con ella lo que querían, y ella hacía lo que ellos ordenaban, y mientras tanto, lo único que sentía que le decían era:

  • Nunca escaparás, nunca escaparás.

Empieza a dejarte llevar o muere

Las cosas llegaron a un punto difícil de sostener, ya que Patricia empezó a sentir la necesidad de buscar la luz en esa vida tan oscura en la que se encontraba sumergida.

Nada le permitía escapar, ya que fuese donde fuere, ellos siempre estaban ahí, y hacían todo lo posible por empujarla a hacer cosas que ella en realidad no quería hacer.

Por mucho que corras, nunca escaparás - Cuentos de terror

Cada día la oscuridad la embargaba más y más, de manera que llegó a pensar que lo único que podía hacer para poder salir de ella era precisamente dar a esos pequeños demonios lo que le pedían, y quizás así la dejasen en paz de una vez por todas.

De hecho, la sensación que le embargaba era que, si no lo hacía, sería ella la próxima víctima, y ya era demasiado tarde, ya que en otras ocasiones había matado a algunos pacientes, y si lo dejaba ahora todo, esas muertes no habrían tenido ningún sentido.

Patricia no quería hacer lo que estaba haciendo, y de hecho se sentía muy mal al echar la vista atrás y ver a todas esas personas a las que había asesinado.

Quizás 10, quizás 15… no lo sabía exactamente, ya que su objetivo no era alcanzar un número, sino saciar el hambre que le producían esos malditos demonios que repetían una y otra vez

  • Nunca escaparás, nunca escaparás.

Pero el hambre crecía día tras día, y Patricia necesitaba seguir haciéndolo, y ya no bastaba con matar, sino que ahora esos demonios le pedían que se vengase, que hiciese daño a esas personas, que las hiciese sufrir.

Nunca escaparás de tu propia pesadilla

Patricia tenía muy claro que esos demonios iban a irse tarde o temprano, pero en realidad todavía quedaba una parte de la verdadera Patricia, de aquella tan inteligente y con tanto futuro, tan alegre y a la que todo el mundo quería, que le decía que los demonios en realidad estaban en su interior.

  • Nunca escaparás, nunca escaparás.

¿De qué le iba a servir escuchar a esa voz cada vez más lejana?

La verdadera Patricia hacía tiempo que ya había muerto, y la nueva tenía muy claro que esto nunca iba a terminar hasta que ella misma acabase muerta.

  • Nunca escaparás…

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