La huida durante la invasión zombi – Cuentos de terror

La huida durante la invasión zombi – Cuentos de terror

Nunca hubiésemos imaginado que una invasión zombi se pudiese hacer realidad. Lo habíamos visto en las películas, en los libros, las series y los cómics, pero nada hacía creer realmente que pudiese existir un ser de esas características que llegase a asolar el planeta como lo ha hecho. Pero ya están aquí, y tal y como podríamos haber imaginado, no va a ser fácil pararlos.

La huida durante la invasión zombi - Cuentos de terror

El dolor por la pérdida de mi familia

Daniel siempre había sido una persona muy familiar, pero un terrible accidente lo hizo encontrarse solo en la vida.

Cuando su mujer y sus dos hijos viajaban en el coche volviendo de visitar a los abuelos, un conductor que se quedó dormido invadió su carril provocando el accidente que acabaría con las tres vidas en ese mismo instante.

Desde entonces, nuestro protagonista nunca volvió a ser la misma persona, y de hecho, también se convirtió en alguien más introvertido y fueron empeorando las relaciones con el resto de su familia y sus amigos.

No obstante, tenía claro que debía dejar el dolor atrás y volver a recuperar su vida, algo que sabía que le iba a costar mucho esfuerzo, pero era lo único que podía hacer si realmente quería llegar a ser feliz.

Los cambios en la vida que me ayudarán a levantar la cabeza

Por esa misma razón decidió realizar algunos cambios en su vida que le ayudarían a levantar la cabeza.

Lo primero que hizo fue comprar un pequeño terreno en una zona muy apartada y perdida en el bosque, una idea que había rondado por la cabeza tanto de él como de Diana antes del terrible accidente, y que de hecho, ambos compartían con otra pareja amiga que eran Pedro y María.

Su objetivo era hacer realidad ese sueño que ambos fueron forjando durante muchos años y que al final se vio truncado de forma brusca y muy dolorosa.

El terreno tenía unas dimensiones bastante considerables, lo cual le iba a permitir llevar a cabo prácticamente cualquier idea que tuviese en mente, aunque evidentemente, también tenía algunas carencias importantes como la imposibilidad de acceder a elementos tan esenciales como lo son la electricidad o el agua.

Debido a que la zona poblada más cercana se encontraba a más de 10 km, debía solventar todos estos problemas de forma completamente autónoma.

Para obtener electricidad utilizaría unas placas solares y un pequeño aerogenerador, todo ello apoyado por un generador de gasolina por si la producción escaseaba.

Para calentar el agua, recurriría a la energía termodinámica mediante tubos de alto vacío, y para obtener el agua, la recogería de la lluvia a través de unos depósitos que en total sumaban unos 10 m³.

Además, también tenía otros depósitos adicionales donde recogía agua para regar los árboles y plantas que incluiría en su huerta, donde tenía pensado incluir de todo, desde tomates y pepinos hasta lentejas, arroz y otras legumbres.

Y en el caso de que necesitasen agua adicional, a aproximadamente 1 km había un nacimiento que no era excesivamente grande, pero que les aportaría el agua que fuese necesaria para poder subsistir.

También tenía en mente producir su propio abono mediante composteras que él mismo fabricaría con maderas que obtendría del bosque, además, produciría gas y fertilizante mediante un biodigestor que estaba instalando a partir de la fosa séptica de la pequeña vivienda que había construido.

La huida durante la invasión zombi - Cuentos de terror

El objetivo era crear un entorno autosustentable en el que poder vivir tranquilamente y disfrutar de un modo mucho más tradicional y natural, muy especialmente si el tejido social se desgarraba alguna vez por alguna razón.

Lo tenía todo muy bien calculado, ya que hacía años Daniel y Diana lo estuvieron organizando todo, con lo cual, prácticamente lo único que faltaba era poner esas ideas en marcha, algo para lo que necesitaría bastante tiempo y posiblemente la ayuda de algún buen amigo.

Pedro y su familia podían ser esas personas que lo acompañasen en esta nueva aventura, ya que en más de una ocasión habían hablado sobre ello.

De hecho, la idea de todo esto nació a partir de una noche en la que ambas parejas estaban cenando, y se comenzaron a plantear las posibles catástrofes que podrían ocurrir en la sociedad en la que vivían, destacando aquellas que les podrían empujar a necesitar buscar los recursos esenciales para la vida sin ayuda de nadie.

A partir de ahí, los cuatro fueron ideando todo tipo de alternativas y sistemas para conseguir un entorno que fuese viable para las dos familias, y que les aportase todo lo que necesitaban para vivir con la máxima calidad de vida posible que les permitiese la situación.

Estas catástrofes podían durar desde una semana hasta incluso varios meses o años, por lo que era esencial tenerlo todo bien preparado y organizado por si alguna vez llegaba ese día.

Por esa misma razón, Pedro y María aceptaron desde el primer momento colaborar con Daniel, y aquello que parecía que nunca se iba a poner en marcha, al final acabó convirtiéndose en una realidad, y decidieron bautizarlo como El refugio de Diana, en honor a la miembro del grupo fallecida.

Durante unos cuatro años, estuvieron dedicando los fines de semana y ratos libres que podían a hacer crecer ese pequeño entorno al que se retirarían en caso de que se produjese alguna emergencia, logrando tenerlo muy avanzado en el momento en el que ocurrió todo.

Parecía una mañana cualquiera

Daniel trabajaba en una gestoría, donde realizaba diversas tareas entre las que se encontraba la contabilidad.

Esto hacía que su trabajo fuese en ocasiones muy monótono, y aunque había momentos en los que estaba más relajado, siempre llegaban esas fechas en las que la labor se acumulaba y todo se volvía excesivamente estresante.

Precisamente su proyecto, el que sacaba adelante junto a Pedro y a María, se convirtió en la salida que tanto necesitaba, tanto por su trabajo como por su mala experiencia al perder a su familia.

Esa mañana era una de esas mañanas que parece que no va a pasar nada, y que se acaban convirtiendo en soporíferas esperando a que el reloj avance y llegue la hora de salir.

Hacía ya un par de semanas que se habían escuchado algunas noticias acerca de un nuevo virus que estaba afectando a algunas personas.

Al parecer, se había gestado en alguna zona de África, pero pronto se trasladó a todos los continentes, aunque las autoridades no sabían exactamente cómo había sido.

Lo que en un primer momento parecía que tan sólo afectaba a unas decenas de personas en todo el mundo, pocas horas después se empezó a convertir en un serio problema, ya que el aumento del número de víctimas era exponencial.

Básicamente lo que ocurría era que estas personas, cuando eran infectadas, pasaban a un estado en el que parecía que estaban muertas, pero minutos, horas o incluso más de un día después, de nuevo retornaban a la vida pero ya nunca volvían a ser como habían sido antes.

Se volvían muy agresivas, y sus tejidos se iban necrotizando más y más con el paso de los días, hasta que llegaba un punto en el que resultaba prácticamente imposible desde el punto de vista físico que pudiesen seguir andando y respirando.

El mayor problema de las personas infectadas era que por su agresividad atacaban a otras personas, incluso animales, con lo cual los contagiaban y de nuevo comenzaba el proceso que se iba extendiendo cada vez más.

Aunque en las últimas dos semanas se habían escuchado noticias y se conocía que la situación iba empeorando, todavía no se había decretado la alerta, aunque las autoridades empezaban a dar consejos en relación con los cuidados y precaución para evitar ser contagiados.

Sin embargo, esa mañana las cosas se empezaban a poner más serias, ya que frente a la oficina empezaba a haber revuelo debido a que se estaba corriendo la voz de que en una población cercana ya había alguien infectado.

No se podía saber si era cierto o no, pero lo que estaba claro era que el pánico empezaba a inundar las calles, de manera que eran frecuentes las personas corriendo, vehículos que tenían accidentes, y en general reinaba un desconcierto que no se consiguió normalizar ni tan siquiera con la llegada de la policía.

Lo que en un primer momento parecía que era una mañana cualquiera, se estaba convirtiendo en el primer día de una nueva vida que nunca antes había sido conocida por el hombre.

Declarada la invasión zombi, es el momento de escapar

En vista de la situación, fueron muchas las empresas y negocios que decidieron cerrar sus puertas al público, y una de ellas era en la que estaba trabajando Daniel, por lo que todos se fueron a sus casas a la espera de que la situación se normalizase.

Aunque las cosas parecía que estaban mal fuera, conforme montó en el coche y fue avanzando, se iba dando cuenta de que estaban aún peor de lo que podría haber imaginado, hasta el punto que la gente comenzaba a comportarse de un modo violento y esto hacía que a menudo costase distinguir si realmente se trataba de personas sanas que habían tenido una discusión, o si ya había alguna o algunas personas infectadas entre ellos.

Por esa razón, decidió apretar algo más el acelerador para llegar a casa lo antes posible, y ante la situación, llamó a Pedro para que estuviesen atentos y salir al refugio en el caso de que fuese necesario.

Llego a casa y empezó a prepararlo todo por si se hacía necesaria una huida rápida, y debido a que la cosa se estaba poniendo peor, volvió de nuevo a llamar a Pedro para acordar el punto en el que se encontrarían y partir al refugio, ya que era mejor prevenir que esperar a que las cosas empeorasen todavía más.

Finalmente acordaron que pasarían sobre las ocho de la tarde por la casa de Daniel, ya que había varias herramientas que valía la pena recoger y que les serían útiles una vez que llegasen a su destino.

Poco después, todo parecía que empezaba a calmarse de nuevo, y que las autoridades habían conseguido poner paz en las calles de la ciudad y en los pueblos del entorno.

Pero evidentemente esto no iba a generar la confianza necesaria para interrumpir la escapada, por lo que los planes seguían en firme y a la espera de que llegasen sus dos amigos con sus hijos.

Ya eran las siete de la tarde, y en toda la ciudad reinaba una tranquilidad bastante considerable, fundamentalmente debido a que la policía pidió a los ciudadanos que se retirasen a sus hogares puesto que en ellos estarían más seguros que en la calle.

Esta tranquilidad y paz hacía que a Daniel se le pusiesen los pelos todavía más de punta, ya que era como la calma antes de la tempestad, y tenía claro que debía escapar de allí lo antes posible, pero sus amigos no llegaban.

Llamó en varias ocasiones a Pedro y no tuvo manera de contactar con él.

La huida durante la invasión zombi - Cuentos de terror

De hecho, la línea telefónica no funcionaba adecuadamente, de manera que la mayor parte de veces comunicaba o se cortaba la conexión antes de que pudiese escuchar al otro lado la voz que tanto esperaba oír.

Las horas seguían pasando y la familia de Pedro no llegaba.

Se hicieron las 12 de la noche sin tener noticias de ellos, y ahí fue cuando Daniel se empezó a dar cuenta de que quizás estaba solo en esta situación, y que lo mejor que podía hacer era huir hacia el refugio y esperar que sus amigos fuesen también directamente, ya que conocían la ubicación después de tantos años trabajando en la zona.

Poco después de medianoche, cuando parecía que todo se había calmado por completo, en las televisiones hicieron un comunicado que convertía este mal sueño en una realidad.

Se había decretado una alerta por un virus que se estaba extendiendo a una velocidad vertiginosa, ya que al no conocer todos los medios de contagio ni poder parar a las personas enfermas, la situación se estaba empezando a ir de las manos a los gobiernos.

Esperamos a que todo se despeje y salimos

Después de esto, de nuevo comenzaron los tumultos, a modo de manifestaciones reivindicando un control por parte del gobierno y exigiendo responsabilidades por lo sucedido, e incluso también actos violentos, robos y agresiones que se sucedían por las calles de las ciudades.

En apenas tres o cuatro horas, estos actos se empezaron a extender también por las poblaciones cercanas, lo que ponía en grave riesgo a los habitantes que, en vista de que las autoridades no tenían capacidad para controlar la situación, decidieron huir en masa a otros lugares más seguros y apartados.

Precisamente esto es lo que hizo que todo se precipitase, ya que con tan sólo echar un vistazo a las calles, era evidente que escapar se convertía en algo totalmente imposible, al menos por ahora, de manera que Daniel tomó la decisión de esperar a que todo se despejase un poco y saldría a primera hora de la mañana con más tranquilidad y seguridad.

Mientras tanto, permanecería dentro de su coche y en el garaje por si tenía que realizar una huida rápida.

Una ruta complicada y muy accidentada

Pese a la violencia que reinaba en las calles, la zona en la que vivía no se vio excesivamente alterada, y sobre las seis de la mañana ya estaba todo bastante despejado, pero precisamente el silencio era lo que más miedo le daba, ya que no se oía ni tan siquiera el piar de los pájaros de la mañana.

Con el coche perfectamente cargado y con todo lo necesario para llegar a su destino, Daniel arrancó y salió del garaje, con su mente puesta en un único objetivo que era el de llegar lo antes posible y reduciendo al mínimo los riesgos al refugio donde quizás le estarían esperando Pedro, María y sus hijos.

En cuanto abandonó el pueblo, cogió la carretera nacional en dirección a la montaña, donde podría enlazar con las pequeñas carreteras hasta llegar cerca de su destino, y a partir de entonces, el camino se convertía en una senda por la que era difícil moverse en vehículo, pero estaba ya acostumbrado a subir con su todoterreno, por lo que no debía tener excesivos problemas.

Máxime teniendo en cuenta que se trataba de un lugar tan apartado y donde muy probablemente no habría absolutamente nadie en kilómetros a la redonda.

A lo largo de la ruta por la nacional, fue viendo imágenes que le helaban la sangre, como vehículos accidentados, personas muertas en medio de la calle y sin apariencia de que nadie tuviese intención de recoger los cadáveres, incendios y un montón de signos que no hacían presagiar nada bueno, no sólo por el hecho de lo que ocurrió esa noche a lo largo de esa carretera y de lo que le podría haber pasado si hubiese emprendido la marcha antes, sino porque las autoridades no habían conseguido frenar una situación de esta envergadura y ahora el mundo estaba a merced de un virus y de sus contagiados.

Eso significaba que se habían visto desbordados, lo cual se traducía en que el descontrol iba a acabar yendo a más; ahora está todo en manos de la invasión zombi y no acabará tan fácilmente.

Pero cada vez que una de estas ideas pasaba por su cabeza, la agitaba con la idea de aislarla, ya que el miedo no iba a ser un buen compañero precisamente en una situación como esa.

Eran sobre las nueve de la mañana cuando vio por primera vez a una de esas personas infectadas.

Aparentemente era una persona normal, pero se desplazaba de forma lenta, casi como arrastrando su alma, y se acercaba hacia el coche seguramente por el ruido que emitía.

La esquivó pero no pudo evitar seguir mirándola a través del retrovisor, un error fatal puesto que en ese mismo instante, cuando se quiso dar cuenta, su coche salió de la carretera y se empotró directamente contra un poste de hormigón y, debido a la velocidad que llevaba, se convirtió en el mayor error que podría haber cometido en una situación así.

Ya era imposible arrancar el vehículo, por lo que no quedaba otra que seguir andando, intentar conseguir otro coche, y por supuesto abandonar todo lo que llevaba consigo salvo una mochila en la que había introducido todo lo necesario para poder subsistir hasta tres días fuera de casa.

Comenzó a caminar, pero precisamente la imagen de la persona infectada, le hizo sentir pánico, y sobre todo tenía muy claro que debía apurar el paso si quería llegar antes de que anocheciese, puesto que en el momento en el que se pusiese el sol, las cosas se iban a complicar todavía más.

La huida durante la invasión zombi - Cuentos de terror

Decidió seguir la carretera a lo largo, ya que era la mejor forma de garantizar que llegaba a su destino, aunque iría haciendo pequeños atajos atravesando campos para ahorrar tiempo, y sobre todo con la idea de permanecer en todo momento alejado de la carretera, ya que era el lugar más propicio para que hubiese delincuentes o también personas enfermas.

Además, si en cualquier momento se perdía, llevaba consigo un GPS de montaña muy útil donde tenía marcado el punto de referencia del destino, así que sería verdaderamente fácil poder llegar en cualquier tipo de circunstancia.

Al principio no tuvo ningún problema más que el hecho de hacerse a la idea de que se iba a cansar, ya que por delante todavía le quedaban decenas de kilómetros, lo cual suponía muchas horas andando y seguramente no había tanto sol en ese día como para llegar a su objetivo, y tendría que improvisar por su propia vida.

De repente, a la altura de una vieja gasolinera que se encontraba a pie de la carretera, pudo observar que había movimiento en su interior.

Dudó si era buena idea acercarse, ya que se podría encontrar con cualquier sorpresa, pero también es posible que pudiese conseguir un coche, de manera que decidió hacerlo de forma disimulada y sin que nadie lo viese.

Se fue acercando y cuando llegó se dio cuenta de que las personas que había en su interior lo que estaban haciendo era robar, y precisamente fuera había un viejo vehículo con el motor en marcha que le podía servir para llegar a su refugio antes de que cayese la noche, de manera que no le dio muchas vueltas y, con mucho cuidado y vigilando bien su entorno, se sentó en el asiento del conductor, aceleró y aunque los ladrones intentaron darle alcance disparando, ya era tarde y pudo seguir su ruta de nuevo con el coche.

Por fin llego a la montaña

Pero precisamente no era un buen coche para moverse por aquella zona, además de que, poco antes determinar la carretera nacional, empezó hacer un ruido extraño hasta que se paró.

El humo que salía por el capó, hacía presagiar que no había posibilidad de seguir adelante con él, además de que ya llevaba varios kilómetros rodando con la aguja de la temperatura tumbada hacia la derecha.

Seguramente, alguno de los disparos de los posiblemente no tan legítimos propietarios, acabaron perforando el depósito del agua del refrigerador, con lo cual, mucho había aguantado el viejo vehículo para permitirle estar tan lejos como estaba de aquellos que no dudarían en descerrajar un tiro entre sus ojos por lo que había hecho.

Era una lata pensar que iba a tener que volver de nuevo a andar, pero Daniel intentó ser positivo, y es que había conseguido ahorrar muchos kilómetros gracias al trayecto que le había permitido hacer el coche que había robado, de manera que estaba seguro de que había ahorrado al menos un par de horas que podrían suponer la diferencia entre la vida y la muerte, o al menos, entre llegar con algo de luz o tener que pernoctar en pleno bosque.

Emprendió de nuevo su camino hacia el refugio, y cuando apenas había andado un kilómetro, encontró a otra persona que también iba andando en su misma dirección.

Se trataba de un hombre de aproximadamente su edad, y más adelante vio que había una mujer y dos niñas pequeñas con edades alrededor de 10 los años.

El hombre le pidió algo de agua para las pequeñas, y Daniel no dudó en compartir lo poco que llevaba con esa familia, además de que también les dio unas barritas de cereales que guardaba en su mochila.

Según le contaron, habían escapado de la ciudad la tarde anterior, pero unos ladrones le robaron el coche obligándole a parar en plena carretera.

Después de eso, siguieron andando pero no sabían realmente a dónde dirigirse, ya que su idea era salir de la provincia para ir a la casa de unos familiares, pero sin vehículo iba a resultar imposible conseguirlo, más teniendo en cuenta que les acompañaban dos niñas pequeñas.

Daniel pensó que podía ser una buena idea llevarlos al refugio, por lo que les animo a que lo acompañasen aunque nunca reveló su destino, ya que quería conocerlos antes mejor para saber si iban a ser buena compañía una vez que llegasen.

Gracias a la posibilidad de ir atravesando los campos con una buena visibilidad, consiguieron atajar mucho el camino, de manera que dejaron la nacional y llegaron a una carretera que se iba repartiendo en los distintos y pequeños pueblos que había por todo el entorno.

Llevaban andando ya un buen rato cuando Daniel fue consciente por primera vez de que no llegarían al refugio antes de que anocheciese.

Por esa razón, sabía que lo mejor que podían hacer era parar en un pueblo que había un poco más adelante y ahí pasar la noche.

Llegaron al lugar sobre las ocho de la tarde, lo que hacía que ya estuviese todo bastante oscuro.

De hecho, en el pueblo que estaba conformado por apenas cuatro o cinco casas, no había tampoco ni una sola luz, algo que no le llegó a extrañar demasiado puesto que no era la primera vez que pasaba por él y veía exactamente lo mismo.

Fueron de puerta en puerta llamando para ver si alguno de los vecinos era hospitalario y les permitía pasar la noche, pero nadie se asomó a ninguna de las ventanas.

Podría ser que no hubiese nadie, que todos hubiesen escapado ya que se trataba de un pueblo que estaba muy cerca de la nacional y al que tarde o temprano llegarían los delincuentes y los infectados, o puede ser también que estuviesen en el interior y que no se atreviesen a abrir por el miedo a la infección y a los robos.

Fuese cual fuese la razón, estaba claro que lo que no podían hacer era quedarse allí fuera los cinco a pasar la noche, de manera que se dirigieron a una pequeña nave que había un poco más adelante y se introdujeron en su interior.

Cerraron la puerta atrancándola con unas viejas maderas que tenían a mano, y gracias a un pajar, rápidamente pudieron preparar unas relativamente cómodas camas en las que dormir unas horas y salir en cuanto el sol empezase a asomar y a emitir sus primeros rayos de sol.

Una compañía poco grata

Debido al cansancio, Daniel se vio sumido en un profundo sueño, en el cual se mezclaron pesadillas y buenos recuerdos, pero lo importante es que fue un sueño continuo, y eso le permitió descansar más de lo que pensaba que conseguiría.

Sin embargo, al despertar se dio cuenta de que la familia que le había acompañado ya no estaba, y que su mochila también había desaparecido, por lo que se encontraba a varios kilómetros de su destino sin agua, sin comida y sin ningún tipo de herramienta ni recurso que le permitiese solventar los problemas que se podría encontrar desde el momento en el que se introdujese en el bosque.

Si bien era cierto que el bosque era un lugar mucho más tranquilo, todavía estaban muy cerca de la civilización, y de hecho, había más poblados hacia delante, lo que significaba que también había posibilidades de que se encontrase con gente, con animales salvajes y en el peor de los casos con algún infectado.

Por suerte había guardado un cuchillo en el lateral de su bota, ya que era lo único de lo que disponía ahora para hacer frente a toda la ruta hasta llegar al refugio.

Le habían robado, estaba claro, pero lo más doloroso es que fue una familia que en principio parecía completamente inocente, pero estaba claro que la vida había cambiado por completo, y esta fue una de las primeras señales que hicieron que Daniel fuese consciente de ello.

Las cosas parecen mejorar un poco; vuelve la esperanza

Salió de nuevo en dirección al refugio, aunque con bastante hambre puesto que no le dejaron absolutamente nada para desayunar esa mañana.

Llamó otra vez a las viviendas del poblado para ver si podía conseguir algo de comer, pero de igual manera, nadie contestó ni nada se movió en el interior de ellas, así que se apresuró a caminar para asegurarse de que esta vez sí que llegaría lo antes posible.

Estuvo tres horas caminando hasta que se acercó a otro pueblo, también pequeño pero un poco más grande que el anterior, ya que tendría unas 10 viviendas, la iglesia, una tienda y varias naves.

Conforme se fue acercando, encontró en una de ellas la que sería la primera cara conocida que veía desde que todo esto empezó.

Se trataba de un viejo tendero, cuyo nombre era Ramón, al que precisamente conocía debido a que en varias ocasiones había parado en su tienda antes de llegar al refugio, ya que contaba con una variedad muy considerable no sólo de alimentación, sino también de herramientas y todo ello a un precio muy bueno, así que prefería reservar las compras para hacerlas en este pueblo.

Nada más verlo, el tendero salió a saludar a Daniel:

  • Hombre, Daniel, qué alegría verte, ¿cómo tú por aquí?, ¿te has enterado de lo que está ocurriendo?
  • Precisamente por eso estoy aquí –Contestó Daniel mientras sin darse cuenta casi giró su cabeza para ver qué había en el escaparate de la tienda.- Estoy escapando de la situación en la que nos hemos visto envueltos, ya que por mi zona las cosas se han puesto demasiado mal y la violencia aumenta por momentos en las calles.
  • ¿Has llegado a ver a alguno de esos infectados de la invasión zombi?
  • Lo cierto es que en persona por el momento tan sólo he visto uno, pero no me gustaría volver a ver otro.
  • Dicen que un par de pueblos más allá, una mujer también se había contagiado, pero no sabían si era por este virus u otra enfermedad, y como los teléfonos ya no funcionan, no hemos recibido nuevas noticias.
  • Esperemos que sea un simple resfriado, porque según he estado escuchando en la radio y según he visto en la televisión hasta que han interrumpido la emisión, el objetivo de esas personas infectadas es el de alimentarse con la carne de otras personas y animales, lo que nos hace estar en su punto de mira.
  • Además comentan que el virus pueda haber mutado, y que hay personas que van despacio pero otras andan muy rápido, que incluso corren, por lo que a un viejo como yo lo pueden atrapar muy fácilmente.
  • Esperemos que no tengamos que sufrir algo parecido, y desde luego parece que aquí estamos bastante apartados y no debería haber demasiado problema, no al menos hasta que consigan superar la crisis las autoridades –Aunque la verdad es que tenía claro que una invasión zombi no era algo fácil de preparar, pero no quería mostrarse negativo ante su amigo.-

Quizás se debía a que Daniel estuvo mirando de reojo el escaparate, o quizás era por la expresión de su cara, pero el tendero al momento se dio cuenta de que el hombre todavía no había desayunado.

  • ¿Cómo es que vienes sin coche y sin absolutamente nada contigo?
  • El camino ha sido bastante abrupto, y me he quedado sin dos coches además de que una familia me ha robado la mochila que llevaba con comida, medicamentos y utensilios, de manera que me han dejado solo con lo puesto.
  • Pues no se hable más, pasa a la tienda y vamos a comer algo, que yo todavía no he almorzado y ya empiezo a tener algo de hambre.

Serían sobre las 10 de la mañana cuando Daniel empezó a comer de buena gana lo que su amigo el tendero puso sobre la mesa.

  • Despacio, Daniel, no te vayas a ir ahora al otro barrio por un atragantamiento.

Pero Daniel no escuchaba, ya que lo único que había en ese momento en su mente era comer y recuperar fuerzas para poder llegar a su destino.

  • Por lo que veo, en el pueblo parece que no queda demasiada gente.
  • No, lo cierto es que se han marchado todos menos mi mujer y yo; por miedo, ya sabes, y por estar con sus familiares en el caso de que pase algo. Nosotros no tenemos ya familia y somos viejos, así que no nos preocupa que el fin nos llegue ahora o un poco más adelante.
  • Como sabes, compre unas tierras más arriba, en pleno bosque.
  • Sí, me hablaste de ello, y me contaste el proyecto que tenías con Diana.
  • Lo cierto es que al final lo he llevado a cabo bastante bien, gracias a mis amigos Pedro y María, pero desde que hablamos por última vez para ir al refugio, no vuelto a tener noticias de ellos. Estoy pensando que quizás os interesaría a tu mujer y a ti acompañarme.
  • Pues puede ser una buena idea pero, ¿no seremos una excesiva carga para ti?
  • Para nada, precisamente lo que no quiero es quedarme completamente solo, y sé que vosotros sois una muy buena compañía y conocéis bien el campo, lo que siempre me vendrá muy bien.

Ramón se quedó pensativo unos segundos, y al momento contestó:

  • Voy a contárselo a Victoria, quizás sea una buena idea abandonar esto y dirigirnos al lugar en el que estemos seguros, además de que te podemos ayudar a sacarlo todo adelante hasta que esto se solucione.
  • Por mi perfecto, y con suerte, cuando lleguemos mi amigo Pedro y su familia también estarán allí.

El tendero llamó a viva voz a su mujer que se encontraba en la trastienda, pero debido a que no contestaba, decidió levantarse y le dijo a Daniel que fuese él recogiendo todo lo que pensase que puede ser necesario de la tienda y lo cargase en el coche, ya que nunca se sabía si los ladrones iban a acabar por la zona y la iban a desvalijar por completo, por lo que era el momento perfecto para aprovecharlo.

Mientras tanto, Ramón se dirigió a la parte de atrás para hablar con victoria.

Lo cierto es que había un montón de cosas interesantes, y además, el vehículo del tendero era una furgoneta grande y llevaba incorporado un remolque en el que podían meter más cosas, de manera que ni corto ni perezoso, decidió que valía la pena perder incluso horas en llenar todo de enseres y herramientas, puesto que más valía que sobrase que no que faltase.

Mientras lo hacía, escuchó cómo Ramón gritaba, lo que lo sobresaltó y, sin meditarlo ni un instante, se dirigió al lugar desde donde lo escuchó.

En ese mismo momento, vio a Ramón tendido sobre Victoria, la cual yacía muerta en el suelo pero por el color de su cara parecía que ya hacía horas de eso.

Cuando intentó ayudar a Ramón para incorporarla y retirarla del pasillo, en ese mismo instante abrió los ojos y mordió en el brazo a Ramón.

  • ¡¡¡¡Vete para atrás, Ramón!!!! –gritó Daniel a su amigo- y yo le doy la vuelta para que no nos pueda hacer daño.
  • ¡No lo consigo, Daniel, no me suelta!

Daniel hizo todo lo posible por separarlo y salvar a su amigo, pero la mujer tenía una fuerza que parecía sobrenatural, muy especialmente cuando hacía apenas unos segundos pensaban que estaba completamente muerta.

Se produjo un forcejeo, pero estaba claro que Victoria se había contagiado por el virus, por lo que formaba parte de aquello a lo que Ramón y en ocasiones la propia televisión habían llamado “invasión zombi”, lo que significaba que poco se podía hacer ya por ella.

Sin embargo, el tendero seguía vivo, y eso era lo que importaba.

Decidió sacar el cuchillo que llevaba en el interior de su bota y lo clavó en la cabeza de la mujer, y en ese mismo instante paró por completo su actividad, como si hubiese vuelto a morir.

Según habían comentado en la televisión y en la radio, un simple mordisco o arañazo por parte de una persona infectada te podía contagiar el virus y por lo tanto la enfermedad, pero por el momento Ramón no parecía estar más que dolido por la muerte de su esposa y por el dolor que evidentemente tenía en el brazo por el mordisco.

En realidad no era excesivamente grande, pero la mujer le había clavado bien los dientes, lo cual ya podréis imaginar lo que puede doler.

En cualquier caso decidieron salir lo antes posible de allí, ya que no sabían si la mujer podía volver a despertar de nuevo como lo había hecho la primera vez, pero en cualquier caso, querían ser prudentes y comprobar que efectivamente Ramón no estuviese infectado, algo que en realidad no sabían cómo hacer.

Sin embargo, la espera duró poco, ya que la cara de Ramón empezó a blanquearse, y al poco comenzó a ponerse de un color morado como si estuviese sin respiración.

Cerró los ojos en lo que pensaba Daniel que era el momento en el que le llegaba su muerte, pero en apenas unos segundos los abrió de nuevo, miro a Daniel y se levantó con una agilidad sorprendente, ya que precisamente por su edad nunca hubiese imaginado que pudiese hacer movimientos tan bruscos y ágiles.

Salió corriendo detrás de Daniel, el cual no tuvo tiempo ni tan siquiera de subir a la furgoneta ya que no tenía las llaves a mano, por lo que su reacción fue la de internarse en el bosque y seguir corriendo sin mirar atrás y hasta que estuviese totalmente convencido de que su amigo Ramón ya no le perseguía.

Estoy solo, perdido y no sé qué hacer

Después de estar corriendo un buen rato, finalmente Daniel se detuvo por el agotamiento, además de que el tropezón con una rama hizo que no pudiese ser de otra manera.

Arrastró toda la rodilla contra una piedra, lo cual le hizo sentir un dolor agudo que por un momento le permitió olvidar, aunque fuese sólo unos segundos, la situación en la que se encontraba.

El subidón de adrenalina lo había hecho correr por el bosque durante un buen tiempo, no sabía exactamente cuánto, pero lo que sí sabía era que había perdido tanto la orientación como la capacidad para pensar en las posibilidades que tenía en esos momentos.

Una vez que consiguió recuperar en parte el aliento, se dio cuenta de que estaba completamente perdido.

No era capaz de ubicar su situación, no tenía ninguna referencia para saber dónde estaba el camino de vuelta al poblado, ni tampoco hacia dónde se tenía que dirigir para llegar a su pequeña cabaña.

Su angustia aumentó cuando se dio cuenta de que el GPS que llevaba para estos casos se había quedado en la mochila que le había robado aquella familia, por lo que la cosa se complicaba más y más conforme pensaba, de manera que decidió dejar de pensar y se acabó quedando dormido en medio del bosque.

Eran ya las seis de la tarde, lo que significaba que pronto anochecería, y él estaba ahí, sin comida, sin agua, sin herramientas, sin nada… incluso se había quedado sin su cuchillo cuando se lo clavó a Victoria en la cabeza, de forma que la situación no pintaba para nada bien.

Al menos había que ser positivo en una cosa, y es que estaba en un sitio donde era muy poco probable que hubiese algún infectado.

  • Y si viene algún ladrón, ¿qué me va a quitar?, ¿la ropa?

Daniel rio ante una idea tan absurda, pero lo cierto es que fue una risa a medio gas, porque había descubierto en poco más de un día de lo que una persona normal puede llegar a ser capaz si lo llevas a una situación extrema, y eso hizo que le entrase un renovado miedo que se sumaba al que ya acumulaba de tantas horas de persecución, caminatas e invasión zombi.

El hambre comienza a ser un problema para mí

Siguió andando, ya que aunque la cosa se había puesto muy complicada, lo último que no podía perder era la esperanza, ya que lo siguiente era su propia vida.

Intentó orientarse fijándose en la zona por la que se escondía el sol, lo cual no le costó demasiado, y se hizo una idea del recorrido que podía haber hecho en su huida.

Esto le permitió tener una idea algo más aproximada acerca de la dirección que debía tomar, pero claro, no sabía si al huir había girado de alguna manera y se había colocado en unas coordenadas que dificultasen que, tomando la dirección aparentemente correcta, llegase al sitio exacto.

En ese momento empezó a sentir mucha hambre, y es que llevaba todo el día sin comer, ya que lo único que había tomado fue lo que su amigo el tendero Ramón le había dado sobre las nueve de la mañana.

Ya eran las 8:30 de la tarde, y aunque había oscurecido, lo cierto es que la luna llena ofrecía una buena iluminación, y en estos momentos se encontraba en una zona menos poblada de árboles.

Además, tomó la propia luna como referencia para saber por dónde se había escondido el sol, y de esta manera evitar empezar a dar vueltas sin sentido.

Extrañamente no se encontraba cansado, o al menos no tanto como debería; quizás el rato que estuvo durmiendo le sirvió para recuperar fuerzas, pero evidentemente no podía estar mucho más tiempo sin agua y sin comida.

Sin embargo, sed no tenía, pero hambre no le faltaba, y necesitaba encontrar como fuese algo para comer.

Estuvo mirando las plantas en su alrededor pero no conocía ninguna, y tampoco ninguna de ellas le despertaba el apetito, ya que lo que necesitaba eran proteínas, algo que fuese más fuerte y que le ayudase a recuperar las fuerzas.

Quizás algunos bichos o insectos podían servir para llegar hasta el día siguiente, pero no sólo no veía ninguno, sino que tampoco era que le atrajese demasiado la idea… Casi que el hambre en estos casos no es tan doloroso.

Ahora es cuando conozco la verdad

En cualquier caso, tenía claro que se iba a pasar toda la noche andando, y si conseguía llegar al refugio, podría resarcirse.

De repente escuchó un ruido y se detuvo. Justo enfrente se entreveía un camino que no sabía hacia dónde iba o desde dónde venía, pero según parecía había algo o alguien merodeando por el lugar, por lo que se mantuvo en silencio para no revelar su posición.

Se dio cuenta de que lo que había no eran enfermos sino unos animales, los cuales no distinguía pero tenía claro que era su salvación para poder comer algo.

Casi sin darse cuenta, sin tomar una decisión razonada por su parte, se abalanzó sobre esos dos animales, que eran un adulto y una cría, y no les dio tiempo a reaccionar, lo que le permitió matarlos aunque no recordaba exactamente cómo, y empezar a comer para poder saciar su apetito.

Pero por mucho que comía, cada vez tenía más hambre, y aunque intentaba entender por qué había tenido una reacción tan salvaje, había algo en él que se lo impedía.

De repente abrió los ojos y en el suelo vio un aparato que le sonaba haber visto antes, y aunque el recuerdo cada vez estaba más alejado, como más borroso, se llegó a dar cuenta de que era el GPS que llevaba en su mochila y que le robó aquella familia, y al volver la vista hacia un lado, pudo ver que los animales a los que había cazado eran al padre y una de las hijas, que al parecer se dirigían al refugio gracias a su GPS.

Fue entonces cuando miró su brazo y observó la cicatriz que le hizo Victoria cuando intentó separar a Ramón de ella, y se dio cuenta de que, aunque hizo todo lo que estuvo en sus manos por ignorarla y por no creer que fuese posible, estaba claro que se había infectado y ahora formaba parte de esa invasión zombi a la que tanto temía pertenecer.

Si te ha gustado este cuento, te animamos a que eches un vistazo a otros cuentos de terror que tenemos para ti.

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *