El duende que duerme bajo mi cama – Cuentos de terror

El duende que duerme bajo mi cama – Cuentos de terror

Cuando éramos pequeños, todos hemos experimentado miedo al pensar que podía haber algo debajo de la cama, pero siempre nos han dicho los mayores que los monstruos no existían, y que todo era cosa de mi imaginación. Sin embargo, esta historia relata la experiencia de Juanito Márquez, un joven muy despierto para el que se hizo tarde al no ser escuchadas sus palabras.

El duende que duerme bajo mi cama

Parecía una noche cualquiera, pero el miedo iba a despertar

Juan tenía por aquel entonces unos once años, una edad perfecta para disfrutar de la vida y aprender cosas nuevas cada día, pero por desgracia, no siempre aprendemos aquello que nos gusta, sino que la vida nos depara algunas sorpresas desagradables a las que nos tenemos que hacer.

Fue ese día cuando el niño se acostó en la cama y fuer arropado por su madre.

  • Ya sabes, Juanito, ahora a descansar que mañana empieza un nuevo día –le decía todas las noches su madre- y tienes que estar preparado para sacarle todo el partido.
  • Buenas noches, mamá, y que duermas bien.
  • Buenas noches, hijo, te apago la luz y que descanses.

Normalmente, Juanito se quedaba durmiendo a los pocos minutos de despedirse de su madre, pero esa noche no, esa noche era diferente, y él sabía que lo era, pero no entendía por qué.

Quizás era demasiado joven, pero eso no le impedía tener su propio instinto natural, el cual le daba una información que él no sabía interpretar del todo.

  • Bueno, si no puedo dormir, a mamá no le importará que lea un poco el tebeo.

Y así hizo. Cogió su tebeo de la mesilla y buscó la página por donde lo había dejado aquella misma tarde, cuando de repente, oyó un ruido extraño, como si algo se arrastrase en la habitación.

En un principio no le dio demasiada importancia, ya que podía ser un ruido de cualquier otra parte de la casa, pero al rato se volvió a repetir, y ahí ya le empezó a entrar el miedo.

Parecía que cada vez estaba más cerca, y al mirar hacia su derecha, se dio cuenta de que la puerta del armario estaba abierta.

  • Estoy seguro de que papá la arregló ayer, y mamá siempre la cierra, ¿por qué está ahora abierta?

Durante un rato permaneció en silencio con el objetivo de percibir algún otro ruido que le pudiese alertar, pero no ocurrió nada.

El duende que duerme bajo mi cama se manifiesta

A la mañana siguiente, todo despertó como lo hacía normalmente; el perro del vecino ladrando, la música del adolescente de la otra casa, y los cacharros de la cocina que retintineaban abajo y que daban paso a uno de los mejores momentos del día: el desayuno.

Juanito se desperezó y procedió a vestirse, pero antes de salir de la habitación, se dio cuenta de que la puerta del armario estaba de nuevo cerrada.

Se quedó quieto, pensativo, y llegó a la conclusión de que posiblemente sería un sueño y nada más, así que bajó con su mente centrada únicamente en el buen ágape que le esperaba, y es que era domingo, y los domingos, mamá hacía tortitas con caramelo, un desayuno que no se podía desaprovechar ni cuando dolía la barriga.

Una vez sentados los tres a la mesa, Juanito, mamá y papá, el pequeño comentó su noche con sus padres, pero no le dieron importancia.

No obstante, el padre decidió que revisaría la puerta del armario para comprobar que siguiese en buen estado, ya que le puso bisagras nuevas y le cambió el cierre para evitar que con el viento que entraba cuando había corriente (muy especialmente en otoño), las abriese e hiciese que golpeasen como ya había ocurrido más de una vez.

Al subir pudo comprobar que todo seguía perfecto, de manera que olvidaron lo sucedido y decidieron salir a disfrutar del día al campo, almorzar y comer fuera de casa y ya por la tarde regresarían para descansar y prepararlo todo para comenzar la nueva semana.

Esta misma forma lo hicieron todo, pero con la particularidad de que, al llegar, Juanito vio de nuevo que la puerta de su armario estaba abierta.

  • Seguramente papá no la había arreglado bien del todo, y por eso se está abriendo tantas veces.

Pero en esta ocasión, como ya estaban cansados, decidió bajar a ver la tele y después subiría a jugar un rato, pero no le diría nada a su padre para evitar que esa tarde la pasase en su habitación arreglando de nuevo el armario.

En el momento en el que llegó la noche, su madre volvió de nuevo a arroparlo como hacía día tras día, y debido al cansancio acumulado, Juanito consiguió quedarse durmiendo muy rápidamente.

El duende que duerme bajo mi cama

Sin embargo, poco después de medianoche, un fuerte ruido lo despertó, y al mirar a su alrededor no vio nada más que las puertas del armario abiertas, lo cual no le llegó a extrañar demasiado pero si le infundió un cierto miedo, ya que a través de ellas se podía ver esa oscuridad infinita que en una noche cerrada como aquella no dejaba entrever ningún principio ni un fin.

Al rato, de nuevo volvió aquel ruido de algo arrastrando que había escuchado la noche anterior, y otra vez, ese ruido se iba acercando poco a poco a su cama, hasta que llegó haber una pequeña sombra que se movía en el suelo.

Parecía del tamaño de un gato pequeño, pero ellos no tenían animales, y que él supiese, los vecinos tampoco tenían datos, ya que el único que había en toda la calle era el molesto perro que ladraba todas las mañanas.

Como el ruido no cesaba y la sombra aumentó su sensación de miedo, decidió llamar a sus padres gritando.

Unos minutos después, el padre apareció la habitación y Juanito le contó la experiencia, e hizo hincapié en que había cerrado la puerta del armario antes de irse a dormir, y de nuevo estaba abierta.

El padre le explicó que no existían los monstruos, y que todo aquello que había escuchado y visto, lo más probable es que se debiese a su imaginación, ya que era un chico muy creativo y a menudo inventaba cosas curiosas y poco habituales.

Esto permitió que Juanito se relajas un poco, pero en el fondo él sabía que lo que había visto y escuchado había ocurrido de verdad.

De nada servían los consejos de papá

Aproximadamente una hora después de que el padre se fuese de nuevo a su habitación, los ruidos comenzaron, pero esta vez no sólo era el sonido de algo arrastrándose, sino que también se escuchaban unos pequeños golpes como si diésemos con el dedo en el suelo.

Por mucho que papá dijese, Juanito tenía claro lo que estaba ocurriendo allí era real y que las cosas se podían acabar poniendo muy feas para él.

Por ello decidió salir de la habitación corriendo y se fue la de los padres, donde lo acogieron durante esa noche pero le explicaron que nada de lo que creía que estaba pasando era real, pero que no se preocupase ya que no tenía más que descansar y al día siguiente lo vería todo de una forma distinta.

Ha llegado el momento de hacer frente a los miedos

De nuevo amaneció pero Juanito apenas consiguió pegar ojo esa noche, ya que en todo momento tenía la sensación de que algo se acercaba hacia él, como si lo persiguiese, y que sabía que se encontraba en ese momento en la habitación de sus padres.

Transcurrió el día sin ninguna incidencia pero de nuevo llegó la noche, y los padres del pequeño lo obligaron a dormir de nuevo en su habitación ya que consideraban que era la mejor forma de que perdiese ese miedo.

  • Debes entender, Juanito –le comentaba su madre- que todo lo que estás escuchando y lo que crees estar viendo es fruto de tu imaginación, por lo que no debes preocuparte y ya verás cómo en un par de días te habrás olvidado por completo.

En un principio esto parecía lo más lógico, el Juanito decidió volver a confiar en sus padres y a pensar en que al día siguiente volvería de nuevo amanecer y nada habría ocurrido.

Sin embargo, los ruidos comenzaron de nuevo, y también de nuevo tuvo la sensación de que había algo bajo su cama.

Estaba claro que era el momento de hacer frente a este pánico que cada vez le envolvía más, por lo que decidió levantar la sábana y asomarse bajo el colchón, y en ese mismo instante fue cuando lo vio.

Un pequeño ser de unos 10 cm de alto se quedó mirándolo fijamente.

Tenía los ojos inyectados en sangre, y unas uñas muy largas colas que agarro a Juanito del cuello y estiró hacia sí.

Por mucho que lo intento, el pequeño no tenía la fuerza necesaria como para deshacerse del duende que lo estaba llevando a su guarida, y por mucho que intentaba gritar, había algo que se lo impedía, por lo que sus padres en ningún momento se enteraron ni pudieron hacer nada por ayudarlo.

A la mañana siguiente

Al día siguiente, la madre empezó a preocuparse porque su hijo no bajaba a desayunar, y ya se estaba empezando a hacer un poco tarde.

Lo primero que pensó fue que debido a sus pesadillas, habría pasado mala noche y, por lo tanto, se habría acabado quedando dormido.

Sin embargo, cuando subió al dormitorio de Juanito, vio que el pequeño no estaba, de manera que empezó a buscarlo por toda la casa para dar con él sin éxito.

Decidió llamar al padre que ya se había ido a trabajar para preguntarle si sabía algo sobre su hijo, pero tampoco lo había visto esa mañana.

Al final, han acabado pasando los años y nunca nadie ha sabido lo que ocurrió en esa habitación durante esa noche, y por mucho que los padres han intentado explicar los miedos que sufría su hijo, nadie ha creído en su versión y piensan que es una excusa para justificar su desaparición, y que en realidad saben mucho más de lo que cuentan.

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